Vivir con Miedo no es vivir

Concienciousness through stories

Jordi Varela

Documentary Storyteller

03 Jun
2020
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Vivimos tiempos de alarma, el covid-19 ha sido un detonante más. Mantenernos en estado de alerta no es vivir sino sobrevivir. Bien es cierto que esta herramienta nos es útil para disponer nuestro cuerpo preparado con el fin de mantenernos como especie, pero requiere de su reposición al estado natural. No podemos estar las 24 horas al día en estado de alerta máxima como si tuvieramos una amenaza potencial de unas hienas. Vivir como vivimos es vivir en la enfermedad. La química liberada por el cuerpo en estado de miedo cierra el mecanismo de crecimiento en el cuerpo para conservar la energía disponible, según Bruce Lipton, experto en epigenética. Cambiamos seguridad por libertad a causa del miedo.

El miedo al Corona virus es más letal que el propio virus

Bruce Lipton

Cuando alguien vive en modo de supervivencia, vive en estado de emergencia y está continuamente preparado para el peligro. El cerebro y el cuerpo siempre están muy excitados. Aquí es donde las cosas pueden ir de mal en peor. En preparación a percibir la próxima amenaza, una persona pensará en algún “peor supuesto posible” futuro, basado en un recuerdo pasado específico, y lo abarcará emocionalmente con tal enfoque y concentración, que su cuerpo comenzará a creer que está viviendo en esa realidad futura en el momento presente. ¿Por qué? “porque el cuerpo es la mente inconsciente. No conoce la diferencia entre una experiencia real en la vida que crea una emoción, o una emoción creada solo por el pensamiento”, según comenta Joe Dispenza, neurofisiólogo y bestseller de varios libros publicados sobre la relación existente entre la química cerebral, la neurofisiología y la biología. Como resultado, el cuerpo puede quedar fuera de homeostasis (equilibrio estable) solo con el pensamiento. En su versión positiva, bien evidenciado queda el efecto placebo en muchos pacientes donde, a partir del pensamiento, se ven cambios en el organismo.

El confinamiento
El confinamiento

El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte. Ahora sobrevivir se convertirá en algo absoluto, como si estuviéramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplearán para prolongar la vida. La pandemia vuelve a hacer visible la muerte, que habíamos dejado a un lado durante los últimos años. La presencia de la muerte en los medios de comunicación está poniendo nerviosa a la gente. La histeria de la supervivencia hace que la sociedad sea tan inhumana. Sus organismos cambian, sus hormonas, su sistema nervioso se ve alterado. En una sociedad de la supervivencia se pierde todo sentido de la buena vida. El placer también se sacrificará al propósito más elevado de la propia salud. En nuestra histeria por la supervivencia olvidamos por completo lo que es la buena vida. Por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. La vida es convivencia. Ser es estar relacionado y sin relaciones no hay vida. Las redes anti-sociales en internet aislan todavía más a la gente. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, cosa que bien será aprovechado por los poderes fácticos. “El pánico ante el virus es exagerado. La edad promedio de quienes mueren en Alemania por Covid-19 es 80 u 81 años y la esperanza media de vida es de 80,5 años. Lo que muestra nuestra reacción de pánico ante el virus es que algo anda mal en nuestra sociedad”, decía Byung-Chul Han, en una entrevista para el diario La Vanguardia.

¿Pero, por qué tenemos miedo?

“El miedo es inherente a la condición humana. Protegernos del dolor imnmediato es reaccionar de forma física ante una agresión. Pero si el miedo surge del fruto de una idea, opinión, conocimiento, en definitiva, un pensamiento, estamos ante una situación irreal. Es falso, no existe. La crea nuestra mente. Una mente condicionada por su entorno, por su cultura, por su conocimiento. Para liberarse del miedo la mente tiene que tener la capacidad de mirar el hecho sin juzgarlo, sin interpretarlo. Si observamos ese pensamiento sin nombrarlo, desaparece. Observarlo quiere decir vivir el momento.” Fragmento del documental Solo. Escalada a la vida.

Documental Solo. Escalada a la vida

El ser humano tiene miedo al dolor y a la muerte (miedo físico y miedo psicológico). Aprender a no temer a la muerte ni al dolor comporta cierta dificultad. No en vano, procedemos de una base filosófica judeo-cristiana e islámica basada en el miedo, como método eficaz de control de la sociedad. Esta dificultad se enraiza en la inseguridad que tenemos de nosotros mismos. Todo procede, en esencia, de algo fundamental. En el fondo, no tenemos una respuesta clara al hecho de existir. Apenas tenemos una momentánea comprensión empírica de nuestra individualidad pero ninguna respuesta a su naturaleza existencial. Esa falta de conocimiento de porqué somos lo que somos deja paso a la inseguridad propia sobre el desconocimiento de nosotros mismos. Esa carencia abre paso al temor en todas sus facetas. Nuestra experiencia de nosotros mismos no genera el conocimiento de la razón de la experiencia de nosotros mismos. Por lo que vivimos en un mundo sin razón existencial que precede al miedo. Mientras haya sentido de yoiedad no se puede erradicar el miedo. El modelo de afianciarnos sobre una condición egoica nunca permite conocer su razón de ser. Y esto es una paradoja porque no existe razón de ser de la comprensión egoica.

Y, claro está, cuando existe el miedo existe la necesitad de búsqueda de seguridad, nuestro lugar salvaguarda, nuestra zona de confort.

Para garantizar nuestra zona de confort tenemos representaciones motivacionales subyacentes de todas aquellas excusas que nos contamos a nosotros mismos para no cambiar

Estos mecanismos psíquicos nos llevan a tomar decisiones que van en contra de nuestro bienestar. O más, concretamente, en contra de la posibilidad real de promover un cambio constructivo en la manera de ver, entender y disfrutar de la vida. Al querer estar seguros nos cerramos de mente y evitamos lo nuevo y desconocido. El cambio es el mayor enemigo del miedo. Es por eso que sucede al autoengaño, que no es más que mentirnos a nosotros mismos. Para lograrlo basta con mirar hacia el otro lado, evadirse de todo aquello que cause confrontación en nuestro interior. Y el recurso que permite evadirse tras el autoengaño es el entretenimiento con su consecuente pérdida de atención. Nuestra sociedad de consumo promueve diferentes formas de entretenimiento para evadirnos de todos nuestros pensamientos, emociones y estados de ánimo, sacándose partido económico de esta carencia, ignorancia o falta de madurez de la sociedad. Así pues, nuestra crisis existencial queda tapada por el parche de mirar hacia el otro lado (tápale el ojo al macho, como dicen los mejicanos). Y no estamos solos. Todos, en general, huyen de lo mismo y se reencuentran en un lugar común: el entretenimiento. Luego, nos resignamos en una vida que no nos gusta culpando a la sociedad, a los gobiernos, a tu pareja, de tu infelicidad. La manera más cobarde de no enfrentarnos a nosotros mismos.

El victimismo se sostiene sobre un sistema de creencias erróneo y limitante, en caso de sentirnos cuestionados solemos defendernos impulsivamente por medio de la arrogancia, muchas veces disfrazada de escepticismo

Esta es la razón por la que solemos ponernos a la defensiva frente a aquellas personas que piensan de forma diferente a nosotros, insinuándonos que el cambio todavía es posible. Al mostrarnos soberbios e incluso prepotentes, lo que intentamos es preservar nuestra identidad rígida y estática, de manera que no nos veamos obligados a cambiar. Mi actitud ante la vida, en ocasiones, ha producido como un reflejo en personas que escuchaban mis inquietudes. Les mostraba lo que no querían ver de sí mismos para no derrumbarles su pseudocoraza de seguridad. Quizás mi zona de confort es más amplia que la de algunos, y al mostrales esa actitud de no tener miedo ante según que cirscunstancias de la vida veía como querían contestarme en la evasión. Que ellos estaban bien tal y como estaban, que no les hacía falta cambiar, y en ningún momento les había pedido opinión respecto su vida. Un querer estar a la defensiva. Se llega al punto que uno se vuelve perezoso ante la vida, no haciendo con su vida lo que quizás podrían hacer, postponiendo todo aquello que podrían hacer. “Cuando me jubile haré aquello por lo que siempre he soñado”, hasta que la enfermedad asoma ante nosotros dándonos un buen bofetón.

Vivir con miedo no es vivir
Vivir con miedo no es vivir

Pero lo peor aún es el oportunismo de los poderes fácticos que, una vez más, utilizan el miedo como mecanismo de control en la sociedad. Se quiere reducir todavía más la zona de confort con su consecuente pérdida de libertad vendiéndonos esa seguridad y protección que tanto se demanda en tiempos de pandemia. De manera que ya han preparado cierto futuro para nosotros: agenda transhumanista, áreas urbanas a modo de paradisíacos resorts de ultralujo (Elysium) para la élite tecno-financiera, renta básica universal como instrumento de control social de las masas empobrecidas, generalización de las redes telemáticas en la vida cotidiana, supresión del efectivo, geolocalización y monitorización permanente, sistema de crédito social similar al que ya existe en China, omnipresente vigilancia orwelliano-tecnológica, probable vacuna obligatoria, pasaportes sanitarios, chip subcutáneo bajo pena de convertirse en un paria social, vaciamiento de poder de hecho de los Parlamentos nacionales, etc. Parte de todo ello aún nos puede sonar a ciencia ficción; pero esperemos a 2030 y ya volveremos a hablar. ¿No percibimos el enorme trecho que hemos recorrido en apenas tres meses? La Élite debe de andar absolutamente eufórica. Todo parece estarles saliendo a pedir de boca. Es cierto que el proceso no está completado, que quedan años de pasos sucesivos; pero la gran jugada de la pseudopandemia originada en Wuhan les está saliendo tal como habían proyectado. El grueso de la población anda temerosa y desorientada, y cada vez se comporta con mayor docilidad ante las autoridades. Y repito una vez más, vivir así no es vivir.


  • La Vanguardia. Byung-Chul Han: Viviremos como en un estado de guerra permanente». Recuperado de: link
  • A. Martínez Belchí, abril 2020: El Covid-19 y el problema de la verdad. Recuperado de: link
  • Sesha, Meditación Advaita: El miedo. Recuperado de: link
  • Jordi Varela: Solo. Escalada a la vida (2014): link
  • Bruce Lipton, ABCMundial, Abril 2020: Recuperado de: link
  • Borja Vilaseca, Julio 2012: El miedo al cambio. Recuperado de link
  • Joe Dispenza: La anatomía de la ansiedad (2017). Recuperado de: link



Recent Comments

  1. 3 junio 2020

    Quim

    La por guarda la vinya Jordi! Dir prou a la por no cal que sigui un acte, n'hi ha prou amb tenir una actitud determinant... Què molts pocs del propi entorn entenen o toleren perquè posa en evidència la seva covardia. Tu ho saps molt bé! Felicitats pel teu escrit.

    • 4 junio 2020

      Jordi Varela

      Efectivament, des de què tenim constància de fets, sempre s'ha utilitzat la por com a mitjà de control. I aquesta actitud de terminant de la què parles és, precissament, coneixement què ens fa falta per trobar la felicitat i viure en pau. Aquest coneixement esdevè en la sabiessa del donar-te compte qui ets en essència i de com la teva ment t'ha atrapat en la teva personalitat. En l'actitud de viure sense la teva cuirassa sorgeix l'autèntic amor a la vida. Aquest és el nostre propòsit. Gràcies per la teva aportació Quim.

  2. 3 junio 2020

    Ramón

    Hola Jordi, buen artículo. Coincido q estamos bastante aborregados a lo q nos manden desde el Poder, y q la búsqueda de la seguridad es generalizado. Pero creo q no es algo nuevo, posiblemente antes las sociedades no tenían esa oportunidad siquiera y se conformaban con sobrevivir. Salud.

    • 4 junio 2020

      Jordi Varela

      Quizás pensamos que tenemos más oportunidades que antes para ejercer nuestra libertad pero, como dice el filósofo post-moderno Byung-Chun Han: "Somos la sociedad más libre que haya existido nunca jamás en toda la historia de la Humanidad. Y, seguramente, nunca antes un poder hegemónico controló a una Humanidad tan dócil como la de ahora." Nos sirve de poco hacer uso de esta libertad sino sabemos cómo. Gracias por tu aportación Ramón!

  3. 4 junio 2020

    Mar Fontova

    Gràcies pel teu escrit que en les actuals circumstàncies m'aporta una mirada més amplia i necessària.

    Jo crec que l'origen de totes les pors és la POR A LA MORT. L'únic q sabem en néixer és q morirem i cada dia en qualsevol moment podem morim.
    Però vivim evitant aquesta veritat, lluitant i patint. Incorporar la variable de la mort a l'equació de la vida li dóna sentit. Viure i morir és el cicle de la vida, no existeix una sense l'altra. Igual q la llum té la seva funció, la foscor també la té. I aquesta societat només vol mostrar la llum i amagar la foscor, creant una imatge hipòcrita i totalment desconnectada de la nostra essència.
    Com tu dius acabes sobrevivint i no vivint.
    Jo quan fico consciència q puc morir sento una tensió al meu interior, sento por però a poc a poc deixa pas a una presència i em sento viva i agraïda.
    Moltes gràcies i petons per tots.

    • 5 junio 2020

      Jordi Varela

      En definitiva, tenim por a la mort i no coneixem què és la mort, ja que ningú la experimentat. És més cert que tenim por a deixar de ser nosaltres mateixos, a desapegar-nos de la nostra identitat, per tant és l'Ego qui té por a perdre's. Tenint por a la mort, procedim a buscar quina relació existeix entre la vida i la mort; i si podem omplir el buit amb alguna explicació, amb alguna creència de continuïtat del pensament, relacionant lo conegut amb lo desconegut. Però, es pot morir en vida? És a dir, si podem conèixer el què és la mort mentre estem amb vida, no hi haurà problema per a nosaltres. És perquè no podem experimentar lo desconegut mentre vivim, que tenim por a lo desconegut. I per saber lo desconegut ho hem de fer en un estat cognitiu on no hi ha pensament, simplement no-dualitat, simplement meditació. Gràcies Mar per poder aportar a l'escrit, serveix per ampliar els conceptes.
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      En definitiva, tenemos miedo a la muerte y no conocemos qué es la muerte, ya que nadie la experimentado. Es más cierto que tenemos miedo a dejar de ser nosotros mismos, a despegarnos de nuestra identidad, por lo tanto es el Ego quien tiene miedo a perderse. Teniendo miedo a la muerte, procedemos a buscar qué relación existe entre la vida y la muerte; y si podemos llenar el vacío con alguna explicación, con alguna creencia de continuidad del pensamiento, relacionando el conocido con el desconocido. Pero, se puede morir en vida? Es decir, si podemos conocer lo que es la muerte mientras estamos con vida, no habrá problema para nosotros. Es porque no podemos experimentar lo desconocido mientras vivimos, que tenemos miedo a lo desconocido. Y para saber lo desconocido lo tenemos que hacer en un estado cognitivo donde no hay pensamiento, simplemente no-dualidad, simplemente meditación. Gracias Mar para poder aportar al escrito, es de gran ayuda poder ampliar los conceptos.

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