¿Vivimos para trabajar?

Concienciousness through stories

Jordi Varela

Documentary Storyteller

11 May
2020
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Aprovecho, una vez más, para incidir en las consecuencias de la confinación a causa del Covid-19 que nos puede hacer reflexionar sobre el sentido de nuestros trabajos. Muchas personas han parado o reducido sustancialmente su jornada laboral. Alguno de vosotros se habrá planteado, si no lo haya hecho con anterioridad, el sentido que le damos al trabajo sabiendo que ocupa la mayor parte de nuestra vida.

Casi todos estamos embotados en nuestros trabajos, tanto a los que les gusta como a los que lo hacen por necesidad. Los dos están embotados. El primero se identifica tanto en él que no puede mirarlo; él mismo es la acción, el trabajo. Se acaba aislando en el trabajo o, lo que es lo mismo, se escapa de su vida. ¿Qué es lo que nos debilita?. ¿El trabajo en sí o es evitar otros aspectos de la vida? Y el segundo, el que no le gusta, se resiste a él, sufre el conflicto incesante en la resistencia. Luego, ¿el trabajo embota la mente o es la mente quien se embota a causa de la evitación, del conflicto, de la resistencia? Obvio que lo que embota la mente es la resistencia al trabajo o la resistencia a la vida.

Al aceptar de forma inevitable el ganarnos el sustento, también aceptamos de forma inevitable la esclavitud de la mente, sus miedos, y así introducimos la rutina en nuestra existencia diaria.

J. Krishnamurti

Pero hay otros asuntos que influencian de manera notable nuestra resistencia hacia el trabajo: la influencia del sistema económico que rige nuestras vidas, el consumismo. ¿Donde está la linea que separa la necesidad de los productos básicos para nuestra subsistencia y lo que no es? La educación y la toxicidad de los medios hacen que nuestra responsabilidad no sea del todo unilateral.

Qué sentido le damos al trabajo sabiendo que ocupa la mayor parte de nuestra vida
Farmer woman with your son in your shoulders working the land. Getu (China)

Vivimos en la era de la ansiedad, en la sociedad del cansancio -como decía Byung-Chul Han-, en la era de la información. Todas con su proporcional relación. Una de las explicaciones para demostrar el aumento de la ansiedad -en España 2,4 millones de personas sufren depresión, el 5,2 % de la población, el número de personas que vive con depresión ha aumentado un 18,4 % entre 2005 y 2015 y 264 millones, sufre además ansiedad, un 3,6 % de la población global (EFE Ginebra 23 feb. 2017)- y otros cuadros como la depresión o el estrés, tiene que ver con la explosión de la industria de la captación de la atención, en lo que se basa el actual mundo digital. Aunque ésto no es nuevo, ya a principios del S.XX la publicidad como forma de captación de la atención, se convirtió en una herramienta perfecta para permitir el crecimiento económico que, a través de la industria, podía generar un exceso de productos. Más de los necesarios para vivir, a parte de las consecuencias nefastas para el agotamiento de los recursos naturales del planeta. Para introducir estos productos se crean nuevas necesidades, asociando productos con clase social, deseos y aspiraciones que solo satisfacen nuestro sentido egoico.

Comprar más para ser más, para tener más, pero, en definitiva, para trabajar más.

A esa rendición ante el trabajo, para obtener más beneficio materialista, le podemos sumar el cambio en los ultimos tiempos de la sociedad que ha pasado a ser de rendimiento, segun explica Byung-Chul Han. No es eso lo que nos rinde, sino algo más profundo: la autoexplotación a la cual nos sometemos voluntariamente. En su forma contemporánea, el capitalismo encontró la manera de que la explotación cuyo ejercicio antes recaía en un “amo” –un jefe, un patrón, un empresario, un gerente, etc.–, ahora esté en la conciencia misma del individuo, quien trabaja bajo la idea de que si no tiene lo que quiere es porque no se esfuerza lo suficiente –y bajo esa dinámica nunca se detiene a preguntar si de verdad desea aquello por lo cual dice estar trabajando. Vivir bajo ese mandato deriva en fatiga y angustia. El sujeto que se cree “empresario de sí mismo”, que es amo y esclavo a la vez, vive aprisionado entre dos barreras: una, la de sus propias condiciones, que parecen siempre insuficientes; y otra, la de las condiciones externas, que lo animan a esforzarse por tener lo que nunca podrá alcanzar. Y no porque sea imposible tener lo que queramos, sino porque es imposible por definición en los términos que plantea el capitalismo.

En el anterior post hacía referencia a la no necesidad de marcarse objetivos y propósitos en la vida. La sensación de haber alcanzado un objetivo no se evita adrede, sino que, más bien, nunca se produce el sentimiento de haber alcanzado un objetivo definitivo. No es que el sujeto narcisista no quiera concluir nada, sino que no es capaz de hacerlo. El imperativo de rendimiento lo fuerza a aportar cada vez más rendimientos. De este modo nunca se alcanza un punto de reposo gratificante. El sujeto narcisista vive con una permanente sensación de carencia y de culpa. Trata de superarse hasta que se derrumba. Sufre el colapso psíquico que se designa como burnout, o síndrome del trabajador “quemado”. Éste, que está obligado a rendir se mata a base de autorealizarse. Para Karl Marx, el trabajo conduce a la alienación. El sí-mismo se destruye por el trabajo. Se aliena del mundo y de sí mismo a través del trabajo. “En el régimen neoliberal, la explotación ya no se produce como alineación y auto-des-realización, sino como libertad y autorrealización. Aquí ya no existe el otro como explotador que obliga a trabajar y me explota, sino que más bien soy yo mismo quien me exploto voluntariamente, creyendo que me estoy realizando. Me mato a base de autorrealizarme. Me mato a base de optimizarme. En este contexto resulta imposible toda resistencia, toda sublevación, toda revolución.”, según Byung-Chul Han en “la sociedad del cansancio”.

Me mato a base de autorrealizarme. Me mato a base de optimizarme. En este contexto resulta imposible toda resistencia, toda sublevación, toda revolución

Byung-Chul Han

Y reconozcamos que la cultura del esfuerzo no existe. Ahí va un ejemplo. Para Manchón (Él y Joaquín Cuenca, amigos desde el instituto, vendieron su ‘startup’ Panoramio a Google, convirtiéndose en los primeros españoles que realizaban una venta a un gigante tecnológico de ese tamaño), nacido en el municipio alicantino de Callosa de Segura (19.000 habitantes) e hijo de un albañil y una empleada de fábrica textil, conquistar a Google podría haberle habilitado para presumir de historia superación personal, de ascensor social, de meritocracia y de la importancia de la cultura del esfuerzo. Pero no lo hace. De hecho, está en contra de todos estos lugares comunes y los rechaza sin miramientos. Para él, la suerte ha jugado un factor primordial en su éxito. Y esa suerte, en el caso de muchos otros triunfadores, puede proceder de su clase social, el colegio al que hayan ido, los contactos o el dinero que tenga su familia. “Cuando tienes una familia con dinero, con negocios exitosos, que te lleva a un colegio cuyos compañeros serán gente bien relacionada… será más fácil, mucha gente que tiene éxito viene de esos círculos. Y algunos son totalmente humildes y entienden el rol que han jugado sus derechos de nacimiento, pero la mayoría tienden a mantener la narrativa de la cultura del esfuerzo porque es lo que les han dicho siempre”. Lo que lleva a la gente a vivir en la calle o a suicidarse es una cadena similar, pero en el otro extremo. Nadie considera que un sintecho se merezca vivir en la calle, nadie (o bueno, casi nadie) piensa que ha acabado en la calle porque no se ha esforzado lo suficiente. Entonces, ¿por qué tenemos que pensar que el que ha triunfado es porque sí se ha esforzado? If you want, you can?

Reconozcamos que la cultura del esfuerzo no existe
Mongolian mechanic waiting for the engine parts of his truck. Bayanhongor (Mongolia)

Se acabó toda utopía en refencia a un cambio de sistema económico que repercuta al laboral. Somos esclavos y, ahora, de nosotros mismos. Se acabó la libertad, no os engañéis. Habrá que esperar a que todo caiga por su propio peso. El debate sobre el colapso no tiene, sin embargo, ninguna presencia en nuestros medios de incomunicación, ni en el dircurso de nuestros políticos. Y este colapso, que de forma inminente está por llegar, no será otra nueva crisis ya que, por definición, es irreversible, aunque es importante recalcar esta dimensión a efectos de apuntalar la idea de que el colapso no es siempre una realidad futura y posible: a menudo, y para muchos seres humanos, es la realidad presente, según nos cuenta Carlos Taibo en su ensayo “Ante el colapso”. Las dos causas principales son el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales en forma de materia prima energética. Infinidad de datos actuales demuestran el desequilibrio natural que estamos produciendo en el planeta. Uno de ellos es la terrible pandemia que está provocando en Covid19 a nivel mundial. La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) alerta sobre el riesgo de extinción de un millón de especies, y establece como las principales causas el cambio de uso del suelo o mar, la extracción de recursos, el cambio climático, la contaminación y la aparición de especies invasoras. Todas estas causas han sido relacionadas con la aparición de enfermedades infecciosas en el ejemplo citado antes. Un documento de Ecologistas en Acción recopila los abundantes ejemplos de cómo los impactos sobre espacios y especies propician que surgen y se transmitan las pandemias, segun artículo publicado en La Vanguardia en abril de 2020.

Pero aún añadaría más, sin muchas pretensiones, diría que estamos ante un cambio de orden mundial, accelerado por la seudo-pandemia del Covid19 -y que no será la última-, a favor de los globalistas neo-liberales perpetuando su nueva dominación y control en base al miedo para proteger sus privilegios considerándonos como un rebaño fácilmente manipulable -la policía digital y sus chips están al caer después del éxito que se le asignado a China con el afer Covid19-. Pese a un poco alentador futuro, solo nos queda la toma de consciencia de lo que está sucediendo y preveer, en un futuro cercano, un nuevo paradigma impulsado por las nuevas generaciones, educadas con una nueva consciencia -y esa es nuestra responsabilidad-, una nueva manera de estar en el mundo, para evitar, así, una reiteración de los hechos pasados. Espero que este colapso ayude a nuestros hijos y los que están por llegar. No podemos dejarles un sistema tan autoritario donde una nueva forma de esclavitud, más odiosa que cuantas ya antes han existido en el mundo, se instaure en ellos. Nosotros pagaremos su abuso; ellos no han tenido culpa.

Cuento de la Parábola del Pescador:

“Un hombre rico, empresario, bien vestido, ropas caras y talante derrochador, iba paseando por el puerto, cuando se encuentra con un modesto pescador. El pescador trabajaba en sus redes y en su pequeña barca, y tenía un cubo lleno de un montón de peces recién pescados. El rico empresario le preguntó:
– Óigame, ¡usted tiene mucha maña! ¡Parece un pescador muy bueno! Usted sólo y con esta pequeña barca ha pescado muchos peces. ¿Cuánto tiempo dedica a la pesca?
El pescador respondió:
– Pues mire usted, yo la verdad es que nunca me levanto antes de las 8:30. Desayuno con mis hijos y mi mujer, acompaño a mi familia al cole y al trabajo, luego voy tranquilamente leyendo el periódico hasta el puerto, donde cojo mi barca para ir a pescar. Estoy una hora u hora y media, como mucho, y vuelvo con los peces que necesito, ni más ni menos. Luego, voy a preparar la comida a casa, y paso la tarde tranquilo, hasta que vienen mis hijos y mi mujer y disfrutamos haciendo juntos los deberes, paseando, jugando. Algunas tardes las paso con mis amigos tocando la guitarra.
– ¿Entonces me dice que en sólo una hora ha pescado todos estos peces? ¡Entonces usted es un pescador extraordinario! ¿Ha pensado en dedicar más horas al día a la pesca?
– ¿Para qué?
– Pues porque si invierte más tiempo en pescar, 8 horas, por ejemplo, usted tendría 8 veces más capturas, y ¡así más dinero!
– ¿Para qué?
– Pues con más dinero usted podría reinvertir en una barca más grande, o incluso contratar a pescadores para que salgan a faenar con usted, y así tener más capturas.
– ¿Para qué?
– Pues con este incremento de facturación, ¡su beneficio neto sería seguro envidiable! Su cash flow sería el propicio para llegar a tener una pequeña flota de barcos, y así, hacer crecer una empresa de pesqueros que le harían a usted muy muy rico.
– ¿Para qué?
– ¿Pero no lo entiende? Con este pequeño imperio de pesca, usted sólo se tendría que preocupar de gestionarlo todo. Usted tendría todo el tiempo del mundo, para hacer lo que le venga en gana. No tendría que madrugar nunca más, podría desayunar cada día con su familia, podría acompañar a los niños al cole, jugar con ellos por la tarde, tocar la guitarra con sus amigos…”

Anónimo

Parábola del pescador
Fishermen on a boat in Amarapura, U Bein Bridge in Mandalay (Myanmar).

  • Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio. Ed Herder 2019. Bcn
  • Carlos Taibo: Ante el Colapso. Ed Catarata 2018. Madrid
  • Krishnamurti Obras Completas. Tomo 5. Percepción sin Opciones. Ed Kier 1999. Buenos Aires
  • La Vanguardia: La pérdida de biodiversidad aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas. Abril 2020. Recuperado de: link
  • J.P. Carrillo Hernández: ¿Por qué aceptamos tan fácilmente trabajos que nos enferman, nos endeudan y nos esclavizan? Recuperado de : Link



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