Solos en la habitación

Concienciousness through stories

Jordi Varela

Documentary Storyteller

12 Abr
2020
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Que no tenemos que leer veinte libros, ni escribir nuestras memorias, ni chatear todo el dia en las redes, ni hacer dos mil abdominales ni doscientas dominadas, ni cocinar todo el recetario de la abuela. Que si no hacemos nada, tampoco pasa nada…

Tampoco es una perdida de tiempo no hacer nada. Porque si no hacer nada implica simplemente observar lo que acontece, prestar atención sin interpretar ni juzgar, entonces no tenemos el factor tiempo. Que el tiempo solo está en nuestra mente, recordando el pasado o proyectando el futuro.

“La infelicidad de las personas se basa solo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”.

Blaise Pascal

Pero, ¿Por qué no somos capaces de estar solos, sin hacer nada? Lo que nos mueve, a todo tipo de personalidad egocéntrica, es lo mismo: querer rellenar el vacío existencial. Buscamos rellenarlo en el exterior de uno mismo, desde las adicciones hasta los hábitos o actividades externas. Y ésto es una ilusión que podemos evitar con la toma de consciencia de ser, en cada momento de vacío. En un mundo tan rico en información, se producía necesariamente una carencia: atención, ya que esto es lo que consume la información. De manera relacionada, en una era con tanta información y tantos estímulos -en una economía que capitaliza la atención que captura y por lo tanto se encarga de ofrecer cada vez más ingeniosos medios de captura- necesariamente tendremos individuos adictos a estos estímulos, ansiosos por una nueva dosis (mirar su mail, ver cuántos likes recibieron, refrescar la pantalla cada minuto). Y como todo esto ocurre en fragmentos, nuestra atención se vuelve más corta y a la vez nos volvemos cada vez ansiosos, puesto que quedamos ávidamente insatisfechos en el espacio entre los estímulos, en el vacío que queremos siempre llenar. Nunca ha sido más fácil evitar lidiar con el aburrimiento que en esta época.

“La mente no para y, cuando no estamos acostumbrados a observarla, no suele gustarnos lo que vemos.”

Realmente nos da pánico quedarnos quietos sin hacer nada. Y es que hacer nada es sumamente difícil, si no es que imposible. La mente no para y, cuando no estamos acostumbrados a observarla, no suele gustarnos lo que vemos. Nos reencontramos con nuestras miserias, miedos y frustaciones personales. Y le tenemos tanto miedo porque significa nuestra aniquilación, amenaza con destruir lo que creemos que somos, a lo que nos aferramos. En definitiva, nuestro Ego.

Filosofías y religiones enteras se han fundado a partir de lo que un hombre descubre en el silencio y en la quietud, simplemente observando sus propios pensamientos, sobre todo cuando no interviene y simplemente observa. La inmovilidad de la mente, su mantenerse fija y atenta a voluntad va depurando el aparato cognitivo y hace que se haga transparente la naturaleza verdadera de la conciencia. Un estado cognitivo no-dual, mucho mas estable que el sensorial, y que conecta en su máximo exponente con el Samadhi, herramienta por excelencia para hacer una ciencia de la consciencia.

“Esto es lo más difícil y a la vez lo más simple. El estado natural. Tu propia esencia.”

Tradiciones como el taoísmo (con el wu wei), el budismo zen, el budismo dzogchen y mahamudra, o la Vedanta Advaita sugieren, de hecho, que el más alto sendero espiritual es la contemplación sin elaboración, es decir, lo más elevado es no hacer nada -ser, atentamente, sin interferir. Esto es lo más difícil y a la vez lo más simple. El estado natural. Tu propia esencia.

La práctica meditativa es un proceso de autoconocimiento asociado a la atención. Nuestra atención, ya de por si, no es contínua sino inestable. Se produce muchos pensamientos durante el dia, alrededor de 60.000 según una estimación publicada en la revista ‘New Scientist’. Por lo que nuestro sistema nervioso se manifiesta en forma de cansancio y estrés. De esta manera se crean unos canales habituales de acceso a dichos pensamientos creando los hábitos mentales. De todos esos pensamientos a lo largo del dia, sobre un 80% reinciden los mismos. La práctica meditativa rompe con esos hábitos mentales además de entrenar la mente a tomar consciencia de cuando se inician.

Cualquier forma de meditación consciente no es la cosa en sí; nunca puede serlo. Los intentos deliberados de meditar no son meditación. La meditación debe ocurrir; no puede ser invitada. La meditación no es el juego de la mente ni del deseo o del placer. Cualquier intento de meditar es su misma negación. Sólo date cuenta de lo que estás pensando y haciendo y nada más. El ver y el escuchar son el hacer, sin recompensa o castigo. La habilidad del hacer yace en la habilidad en el ver, en el escuchar. Toda forma de meditación lleva inevitablemente a la decepción, a la ilusión, puesto que el deseo ciega. Era una hermosa tarde y la luz suave de la primavera cubría la tierra.

J. Krishnamurti

Recent Comments

  1. 12 abril 2020

    Braulio varela fuentes

    Es cierto que lo que es tan simple, puede a la vez ser tan difícil, el tener la mente "en blanco" es bueno de vez en cuando resetear!

    UN BUEN PUNTO DE VISTA!

    • 18 abril 2020

      Jordi Varela

      Pero, a la vez, tenemos que tener en cuenta sobretodo si esa mente en blanco no es fruto de la interpretación de otro pensamiento. Nos estaríamos engañando nuevamente. Agradezco tu opinión, bien seguro que estamos aprovechando estos momentos para autoindagar en nosotros mismos, muy acorde en los tiempos que estamos viviendo. Un abrazo...!

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