¿Propósito en la vida?

Concienciousness through stories

Jordi Varela

Documentary Storyteller

30 Abr
2020
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La definición de “propósito“, según la RAE es la siguiente: Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo. Objetivo que se pretende conseguir. Pero podemos extraer una cuestión al respecto. ¿Quién o qué es lo que nos anima a tener un propósito en la vida?.

¿Cómo lo descubrirás? ¿Quién te lo mostrará? ¿Puedes descubrirlo leyendo? Si lees, un autor puede darte un método particular, mientras que otro autor puede ofrecerte un método completamente distinto. Si acudes a una persona que está sufriendo te dirá que el propósito de la vida es ser feliz. Si acudes a una persona que se está muriendo de hambre, que por años no ha tenido comida suficiente, su propósito será tener el estómago lleno. Si acudes a un político, su propósito será convertirse en uno de los que dirigen, de los que gobiernan el mundo. Si le preguntas a una mujer joven, ella dirá: “Mi propósito es tener un bebé”. El propósito, el deseo implícito de la gente es, por lo general, encontrar algo gratificante, confortador; todos quieren alguna forma de seguridad, de garantía, de modo que no tengan dudas ni cuestionamientos, ni ansiedad ni temor. La mayoría de nosotros quiere algo permanente a lo cual aferrarse, ¿no es así?

Caminando por los horizontes infinitos del desierto de Wadi Rum en Jordania
Caminando por los horizontes infinitos del desierto de Wadi Rum en Jordania.

Es más, en nuestra sociedad contemporanea actual, las necesidades egoicas van encaminadas hacia el Éxito, experimentar la vida como un “proyecto” a desarrollar. Byung-Chul Han señala uno de los riesgos de plantearse la vida como una “empresa”, pues entre otras implicaciones, la existencia se convierte en una competencia frenética y un tanto ciega en la que el sujeto es al mismo tiempo “esclavo” y “amo”, esto es, una persona explotada por sí misma, exigiéndose siempre más en el intento insuficiente de conseguir un logro inalcanzable.

Personas “adictas” a su trabajo, otras sedientas insaciablemente de “nuevas” experiencias, algunas más con decenas de propósitos planteados y quizá iniciados pero al final dejados en el abandono. Socialmente se insta al sujeto a “ser más” o “ser mejor”, a considerar su vida como un proyecto (con objetivos, planeaciones, control de riesgo y todo ese vocabulario propio del manejo de un negocio capitalista, ahora cada vez más trasladado y aplicado a la existencia), a progresar y evolucionar, y el sujeto toma dicho mandato un tanto inconscientemente, lo obedece y se esfuerza, pero sin entender por qué ni cómo, esto es, sin preguntarse por los motivos que lo llevan a ello ni la forma en que ejecuta la orden. Y en esa confusión, cuando se da cuenta de que no alcanzó el objetivo propuesto, experimenta dicho resultado con frustración, como un “fracaso” personal o como una falta de capacidad de sí mismo. Y repite el ciclo: si no lo logró es porque no se esforzó lo suficiente. “You Can…”

“Todos queremos ser famosos, pero en el momento que queremos ser algo ya no somos libres.”

Jiddu Krishnamurti

¿Somos conscientes que estas necesidades las provoca nuestro Ego? Ahora bien, para descubrir si hay alguna otra cosa más allá, alguna verdad que no es de la mente, es preciso terminar con todas las ilusiones que la mente crea, o sea, que tienes que comprenderlas y dejarlas de lado. Sólo entonces podrás descubrir lo verdadero, si hay un propósito o no lo hay. Estipular que debe haber un propósito o creer que hay un propósito, es meramente otra ilusión, otro pensamiento de la mente proyectado en el futuro en forma de meta u objetivo a alcanzar.

Necesitamos objetivos y metas porque nuestro Ego, a partir de nuestra mente, necesita proyectarse en el futuro para estar a salvo. Porque vivir sin ello, en total desapego, causa miedo, temor, soledad, dejar de ser alguien. Esta necesidad de ser reconocidos, de consolidar nuestra identidad a través de la percepción de los demás que, como un espejo, nos regresan nuestra imagen y confirman y dan lustre a nuestra existencia (haciéndonos saber que somos “alguien”), aunque es alimentada y conservada por la presión social tiene un origen aún más profundo. El hecho de que una persona se perciba como un sujeto en el centro de mundo de objetos refuerza la mentalidad de que somos el centro del universo, y que lo importante es conquistar ese mundo de objetos (y objetivos), a través del cual obtenemos nuestra sensación de ser (percepción dualista). Nos alimentamos de los objetos y la admiración de las personas que así confirman y robustecen nuestra identidad, nuestro deseo de ser especiales, para no ser nadie, para no perdernos en el vacío. Empezamos a disfrutar las cosas sólo a través de la mirada del otro que aprueba nuestra existencia. De ahí surgen las identidades colectivas, el ser de algo, de un equipo de fútbol, de un nacionalismo, de una tribu urbana y cuantas etiquetas surgen cada año. Todo ello nos da la seguridad de que dejamos de ser nadie.

En cualquier momento dejaremos de ser "alguien", puesto que inevitablemente moriremos
Cremation of a deceased in Bandipur (Nepal).

Luego, por más admiración y posesiones que consigamos para darle seguridad a nuestra identidad, la realidad es que esta identidad que depende del reconocimiento de los demás está siempre en un estado de extrema fragilidad. En cualquier momento podremos dejar de ser el mejor en algo, o ya no ser más que otro, o dejar de tener algo que nadie tiene y perder cualquier tipo de etiqueta o persona que da realidad a esa identidad y, lo que es más, en cualquier momento dejaremos de ser “alguien”, puesto que inevitablemente moriremos. 

Pero si puedes cuestionar todos tus conflictos, tus luchas, tus pesares, tus vanidades, tus ambiciones, esperanzas y temores, examinar cuidadosamente todo eso e ir mucho más allá, entonces descubrirás que el propósito de la vida es vivir. No se trata de tener una vida vacía o carente de sentido. Esta no es una crítica que busque conducir a cierto nihilismo pesimista o, peor aún, conformista, en donde parezca que es mejor aceptar la vida tal y como la tenemos y vivir así hasta el final de nuestros días, resignados al vendaval y la corriente. Nada de eso.

“La vida no es un problema que deba resolverse, sino una realidad que necesita experimentarse.”

 Kierkegaard

En cambio, quizá podamos considerar que vivir es su propio propósito, esto es, entender la vida como una tarea que en su propio desarrollo nos plantea las posibilidades y las alternativas. En definitiva, todo propósito debería surgir del aliento de la propia existencia y, para ello, es preciso tener libertad en ello. Nuestros condicionamientos culturales, sociales familiares, etc… bloquean la capacidad que la naturaleza nos otorga. Frente al agobio de vivir una vida llena de objetivos, planes y proyecciones, es posible plantear en cambio una existencia en donde únicamente la vida en sí, el vivir experimentado con plenitud, sean la sola orientación, el único sentido, pero entendido éste no como un significado, sino como una fuerza que conduce y que guía, que indica hacia dónde persistir y hacia dónde continuar. La vida es como un rio, dejemos que fluya.


  • J. Krishnamurti: El arte de vivir. Parte 1, Cap 7. Ed Kairos 2017. Madrid
  • A. Martínez (sep 2017). EL PROPÓSITO DE LA VIDA NO ES SER ‘ALGUIEN’, ES SER NADIE. Recuperado de: link
  • J.P. Carrillo Hernández (may 2018). Vivir sin objetivos ni propósitos: quizá ahí se encuentre el sentido de la vida. Recuperado de: link
  • Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio. Ed Herder 2019. Bcn



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