Ghana. Por el rio Volta en bicicleta

Photographer, Diario en bicicleta

Jordi Varela

Documentary Storyteller

22 Abr
2013
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Mi primera incursión en la Africa negra tuvo connotaciones sorpresa, a diferencia de otros lugares del mundo que había visitado, donde la diferenciación racial, si bien existía, no alcanzaba tal grado como aquí. Me refiero a la sensación personal de ser negro. Allí el negro era yo. Y aunque apenas recibí ninguna nota despectiva, si me sentía señalado en todo momento.

Allá me llamaban “hombre blanco” con mucha naturalidad -¿acaso no lo soy?-. No tenían que recurrir a disimular el nombre de lo que era para tratar de evitar las connotaciones peyorativas a la que hemos recurrido a lo largo de la Historia.

Siempre se aprende algo nuevo cuando uno se desplaza fuera de su entorno, pero si algo me llevé de Ghana es tener bajo mi piel la sensación de ser diferente y ser centro de la atención solamente por tener un aspecto totalmente distinto al resto. Me puedo imaginar un envoltorio negativo lleno de prejuicios en todo su entorno y así poder considerar y entender la predisposición que tienen muchos negros en nuestro país a tener un sentimiento de inferioridad que les hace estar en defensiva constante. O lo que es lo mismo, tener miedo. Tampoco, en su lugar, no entendería el mundo tan agresivo y competitivo de Occidente viniendo de un país donde la hospitalidad emana en cada puerta. Donde no tienes que preocuparte más que del destino que elijes en tu ruta porque sabes que cada noche dormirás bajo techo y alguien te ofrecerá aunque sea un mísero plato de arroz. Donde la prisa no se asocia al concepto de felicidad que tienen en su vida. Y donde, una vez más, el compartir les hace ser más humanos que nosotros.

En esas gentes encuentras, por fortuna, la esencia de lo que fuimos y ya no somos.”

Por un tiempo fui negro desde mi perspectiva, para introducirme o aproximarme a las sensaciones de esa diferenciación. Allá me llamaban “hombre blanco” con mucha naturalidad -¿acaso no lo soy?-. No tenían que recurrir a disimular el nombre de lo que era para tratar de evitar las connotaciones peyorativas a la que hemos recurrido a lo largo de la Historia. ¿O es que seríamos capaz de llamar “negro!” a un africano? ¿No es a nosotros quien nos avergüenza recordar cómo estuvo asociado en un pasado ese adjetivo? En esas gentes encuentras, por fortuna, la esencia de lo que fuimos y ya no somos…

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