Jordi Varela

Documentary Storyteller

23 Abr
2020
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La meditación ha llegado a Occidente para quedarse. Está de moda. Pero más allá de la superficialidad que se le pueda asignar, sería oportuno matizar qué es meditar y qué no lo es. Porque acogerse al concepto material como si fuese un producto que consumir puede acarrear un alejamiento en su comprensión.

Solo hay compresión cuando la mente está en silencio, que no es en blanco, cosa muy diferente ya que el término viene producido a partir de un pensamiento. Ese silencio, esa quietud de la mente no es producto de ninguna disciplina ni de ningún esfuerzo. Por eso que, este proceso de meditar lo podemos encontrar sentado, en el coche o caminando. No requiere de procedimientos ni pautas disciplinarias que debamos cumplir. Tampoco tiene nada que ver con la plena atención en la respiración, como se sugiere en el Mindfullness (versión occidental del Vipassana budista) o en el Pranayama (respiración yóguica). Estamos inundados de procesos y disciplinas que se asocian a la meditación pero que se alejan de la comprensión de lo que es meditación. Se ha confundido el significado en Occidente. Que si es tener la mente en blanco, para controlar los pensamientos, para llegar a un estado de relajación o simplemente reflexión. Bien es cierto que, para adentrarse en el mundo interior y alcanzar un estado cognitivo alejado de agentes externos que puedan entorpecer ese estado, es mejor facilitar tu entorno. Una mejor postura para estar cómodo y no dormirse y un empezar a tomar consciencia con nuestro cuerpo para aquietar la mente de esa sucesión de pensamientos incesantes. Pero eso no es meditar.

“La meditación es la completa comprensión de la totalidad de la vida, de la que nace la acción correcta. La meditación es el silencio absoluto de la mente. […] Solo en este silencio total, completo y no adulterado se encuentra lo que es verdad, lo que existe de eternidad en eternidad. Esto es meditación”.

Jiddu Krishnamurti

No hay nada de misterioso en todo ésto. El misterio de la vida está más allá de todo ésto, más allá de la imagen, del esfuerzo, más allá de la centralizada, egoísta y subjetiva actividad egocéntrica. Vaciar la mente solo puede suceder, no verbalmente, sino cuando existe un observador que obserba. Una plena atención y un darse cuenta, viendo el mundo desde el Presente, desde el Aquí y el Ahora, desde lo que está aconteciendo. Pero eso no es meditar.

“Meditar es el arte de aquietar las fluctuaciones de la mente, es decir, de impedir que la mente adopte la historia que potencialmente posee de manera secuencial en cualquiera de sus condiciones, a través del pensamiento”.

Sesha-Vedanta Advaita

A todos nos ha ocurrido en alguna ocasión aquello de estar tan metidos y focalizados en alguna actividad, ya sea practicando algún deporte, algún juego, en los estudios o el trabajo, que el tiempo pasa sin darnos cuenta, que desaparece todo lo que no hace parte de la actividad, no nos enteramos de si hace frío o no, de si alguien nos está llamando, etc. Son instantes muy gratos e interesantes donde nos sentimos totalmente integrados con la actividad misma que se está realizando. Son momentos de tan alta eficiencia que, si tuviésemos la mente educada para permanecer habitualmente en ese nivel, realizaríamos cualquier actividad en mucho menos tiempo y con menor esfuerzo.

La pregunta es muy simple: ¿es posible llegar a permanecer en esta forma de cognición? ¿Es posible percibir el mundo sin pensarlo?.

Hindu monk in Katmandu (Nepal).

No solemos estar en el Presente. Cuando éramos niños vagábamos abiertamente en él, pero esa destreza natural se olvidó hace mucho tiempo. Por una cuestión cultural y a través del sistema educativo imperante, desde niños hemos aprendido a acumular información y a utilizarla mediante procesos dialécticos, a razonar más allá de lo que las situaciones han requerido. A tal punto que ya no sabemos dejar de pensar, no sabemos contemplar el mundo sin interpretarlo, no sabemos actuar y permanecer en lo que se está haciendo sin pensar en otras cosas. Pero no solamente nos pasamos todo el tiempo pensando, sino que ahora la mente ha tomado tal inercia que ya no podemos controlarla. Es la mente quien nos controla ahora. Al ser humano le cuesta estar atento.

Cuando iniciamos el proceso interior de darnos cuenta de nuestros pensamientos, sabiendo que el observador es lo observado, donde no interviene ninguna elección, estamos en un estado cognitivo más estable que el del pensamiento. Pero eso aún no es meditar.

De ello resulta la paradójica situación de que, si en verdad estamos en el Presente, no hay un observador pensante: es al pensar cuando aparecen el observador diferenciado y la historia, pero si el observador contempla el objeto sin pensarlo, si en la observación no introduce nada de sí ni de su historia, no deja de haber observador pues está participando de la observación, lo que no hay es “alguien” que lo distinga respecto a lo conocido dentro del proceso mismo del saber y, en consecuencia, el observador se hace no- diferente de lo observado. Este estado cognitivo se le llama No-Dual.

No es que lo observado y quien lo observa sean “uno”, que sean la misma cosa, sino que en el Presente no se diferencia la ubicación del observador respecto a lo observado. Es similar a cuando al ver una película de cine, si ésta es interesante, llega un punto en que el espectador está tan metido en ella que no hay distancia entre él y la pantalla donde se proyecta la película. No desaparece el espectador: hay observador, ya que hay comprensión de lo que está aconteciendo, sin embargo el espectador no se distingue a sí mismo distanciado de la pantalla.

La meditación es un proceso agotador pero, a la vez, no requiere esfuerzo. Exige una atención contínua. En esta contínua atención surge la concentración -diferente a la que estamos acostrumbrados a usar en la cotidianidad-, en la que no existe el observador ni lo observado. Ese vaciar de mente, de todas sus experiencias, por fin, si es meditar.

Cuando la mente está en total calma es cuando entramos en un estado cognitivo estable que el pensamiento nunca puede imaginar o experimentar. Está más allá de toda búsqueda.

“Una mente llena de luz no busca. Solamente una mente confusa siempre busca y espera encontrar”.

Jiddu Krishnamurti
Monje budista mediendo su actividad cerebral meditando

Meditar es un proceso de autoconocimiento profundo que implica, con su práctica habitual, cambios en la fisionomía cerebral. El cerebro ve ampliada su actividad cerebral, que no mental. En 1999 se produjo un experimento importante: Davidson y Kabat-Zinn midieron la actividad eléctrica de un grupo de voluntarios con electroencefalogramas, de los que previamente habían calculado los niveles de ansiedad y estrés que sentían. Luego, los participantes empezaron un proceso de introducción a la meditación. Al cabo de cuatro meses, los dos neurocientíficos comprobaron que la corteza cerebral encargada de las emociones y de una mayor o menor resistencia a la adversidad había triplicado su activación. Además, comprobaron que el sistema inmune de los participantes había mejorado. De hecho, informes recientes publicados en la revista Science Advances demuestran que sus beneficios no se reducen al aumento de la empatía, la reducción del estrés y la ansiedad o la disminución del dolor, sino que la estructura del cerebro también se modifica: neuroplasticidad cerebral. La autora principal del estudio, Tania Singe, directora del Departamento de Neurociencias Sociales del Instituto Max Planck para Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas en Leipzig, asegura que:

“La plasticidad cerebral aumenta en los adultos a través de una breve y concentrada práctica mental diaria que conduce a un aumento de la inteligencia emocional”.

Tania Singe

Pero existe una contradicción en las personas que se inician en la meditación. Educados en el mundo de la competitividad y de lo material suelen experimentar un fuerte reforzamiento del ego y la autoestima e, incluso, tendencias narcisistas. Postear tu sesión de meditación en Instagram o pasearte con tus mallas recién compradas y tu esterilla le da un plus a tu rollito cool, urbano, espiritual, healthy, orgánico, bio y conectado con el mundo. Solo tenemos que ojear la sección de autoayuda en una librería y nos daremos cuenta, además del estado en que se encuentra nuestra sociedad, de la demanda de ese tipo de libros, que nos inundan de infinidad de promesas para conseguir la felicidad en 5 pasos, en 5 minutos, como en un click de “Me gusta”. Además en tiempos de coachings y mentores, es un buen instrumento de autoexplotación, favorito para optimizar recursos y, en definitiva, ser más productivos a nivel laboral, como metáfora perfecta de la mezcla de meditación y negocio, de la búsqueda en paralelo del equilibrio y el beneficio económico; medita y “You can”. Las empresas invierten en formación de meditación pero no para ayudar a sus trabajadores a encontrar su paz interior sino para ser más productivos. En ningún momento se plantean reducir la jornada laboral para que dispongan de tiempo en su introspección. El maestro tibetano Chögyam Trungpa lo bautizó como materialismo espiritual, en su libro. Es decir, la práctica de estas técnicas sin la profundidad ética, filosófica que la sostienen no producen el efecto deseado (disolver el ego) sino que, precisamente, lo refuerzan dando a sus practicantes una falsa sensación de superación de lo ilusorio cuando, en realidad, se adentran en él de manera más intensa. Efecto contrario y alejamiento de su comprensión.

Una de las cosas más importantes que ofrece la práctica meditativa es la posibilidad de romper con los hábitos mentales, fuente reiterada de sufrimiento y expresión máximo de tu Ego. La mente optimiza recursos a través de ellos, manteniendo las mismas conexiones neuronales en el cerebro como manifestaciones recurrentes. Por eso, el ruido mental recae, casi siempre, en los mismos pensamientos, una y otra vez, día tras día. Solamente cuando le damos la oportunidad con otros sucesos y experimentaciones en el presente, expandimos el área rompiendo con esos canales de flujo habituales. Meditar es entrenar la mente a un darse cuenta contínuo para poder romper esas conexiones. En definitiva a soltarse de tus condicionantes egoicos, para conocer, de esta manera, la auténtica libertad. Esa comprensión es la verdadera causa y propósito de vivir, donde emana la verdadera felicidad.

Tibetan monk in Kumbu Valley in Himalaya (Nepal).

  • J. Krishnamurti: La verdadera Meditación. Ed Gaia 2017. Madrid
  • Amit Goswani: Ciencia y espiritualidad. Ed Kairós 2011. Bcn
  • Claudio Naranjo: Entre meditación y psicoterápia. Ed. La llave 2013. Barcelona
  • Chögyam Trungpa: Más allá del materialismo espiritual. Ed Edhasa 1985. Barcelona
  • Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio. Ed Herder 2019. Bcn
  • Sesha (feb 2006). Curso de meditación. Recuperado de: link
  • Sesha (sep 2000). Inercia y hábitos mentales. Recup de: link
  • Sesha (abr 2010). Meditación, no-dualidad y cuántica. Recup de: link
  • FKlatinoamericana. fragmento del programa 4 de la serie La verdadera revolución, título “Meditación”. Recup de : video youtube

Recent Comments

  1. 24 abril 2020

    Eric Entrena

    Hola Jordi!! M'ha semblat molt interessant el que expliques. En aquest cas no estic en desacord amb res perquè sóc un total ignorant del que parles..!! 🤯😂 Amb el que estic molt d'acord es amb la percepció prostituida del approach que es fa al "món interior i la recerca de la felicitat" avui en dia per part de pseudo-savis (aka yoguis de gimnàs, life coaches i similars). Hi ha un paràgraf que me l'he llegit i rellegir com 5 vegades però no acabo de entendre.. em podries ajudar, please..?
    "De ello resulta la paradójica situación de que, si en verdad estamos en el Presente, no hay un observador pensante: es al pensar cuando aparecen el observador diferenciado y la historia, pero si el observador contempla el objeto sin pensarlo, si en la observación no introduce nada de sí ni de su historia, no deja de haber observador pues está participando de la observación, lo que no hay es “alguien” que lo distinga respecto a lo conocido dentro del proceso mismo del saber y, en consecuencia, el observador se hace no- diferente de lo observado. Este estado cognitivo se le llama No-Dual."
    No entenc el que vols dir. Podries provar d'explicar-li a algú que No te ni idea de la matèria..? 🙏

    • 26 abril 2020

      Jordi Varela

      Hola Eric. Entenc que comprendre per promera vegada el concepte de no dualitat comporta certa dificultat. La percepció no-dual es la modalidat més profunda, estable y radical de experimentar la realitat. El mon cognitiu del sentits comporta, per necessitat, un observador que observi. I, en conseqüència, una separació en la experimentació. Una dualitat que es produeix a través del pensament, de la ment i la seva història, el seu passat. Però quan la pressa d'atenció es fa sense pensaments ni judicis, ja no hi ha un observador que experimenta la observació. I, per tant, no hi ha separació entre els objectes, ni entre jo i els demés. Som tot Un, som una ona, som el mar.
      Gràcies per col.laborar en aquest projecte.

  2. 25 abril 2020

    Emi

    Estoy de acuerdo en que la palabra meditció ha llegado a occidente y como todas las modas, se ha copiado la parte mas superficial.
    En el contexto educativo es curioso ver como algunos profesionales de la educación, se esfuerzan en que sus alumnos aprendan a tomar consciéncia de la respiración y del propio cuerpo , y luego hay otros, incluso dentro del mismo centro educativo, que cuando un niño o niña se se detiene a contemplar una mariposa le grita diciendo: va deprisa, que siempre estas dormido!
    Despues a ese mismo alumno le pondran en el informe de avaluación : Le cuesta centrar la atención, con freqüència se muestra ausente.
    Tampoco no es necesario que los niños y niñas mediten en la escuela, però, ............. "desde niños aprendemos a acumular información" y como dice Claudio Naranjo : se educa para hacer un examen y este nos da un tiquet para la vida social, pero no nos enseña nada de la vida.

    • 26 abril 2020

      Jordi Varela

      Es paradójico saber cómo, desde niños, se nos va adiestrando hacia el mundo mental y la acumulación de información para que luego, de mayores debamos transcender nuestra mente y poder salvaguardar nuestra salud mental. Nos pensamos que los niños son como nosotros pero en pequeño. Los vemos como un adulto pero inferior, minimizamos sus propias cualidades. En consecuencia, estamos educando de forma errónea. Realmente los niños se parecen muy poco a nosotros. Plantearse la educación desde la perspectiva del adulto es un error serio. La mayoría de los planteamientos educativos se basan para educar adultos, basada en la memoria en la competencia, etc... Cierto es que transformar la educación en este sentido sería transformar a los profesores, padres, gobernantes, y eso es una tarea imposible. Pero si es posible transformar a los niños de una manera más clara y consistente para la creación de un mundo mejor. Eso es materia de un próximo post. Gracias por colaborar en este proyecto.

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